He vivido muchos años en Estados Unidos. Queridos estadounidenses, aquí va la factura.

Lo que me saca de quicio de vosotros, queridos estadounidenses

Hoy toca algo distinto: esta es mi diatriba sobre EE. UU. En todos los rincones del mundo que he visitado, siempre eran los turistas estadounidenses los que más se quejaban del país en cuestión. Sí, va por vosotros, queridos estadounidenses. He escrito este artículo sobre todo para vosotros, para que sepáis en carne propia lo que es oír a un extranjero quejarse de vuestro país. Eso sí, lo hago con humor y sin agresividad, y desde la experiencia de haber vivido muchos años en Estados Unidos.

Que conste: en Estados Unidos hay muchísimas cosas que me encantan. Pero también hubo demasiadas que me sacaban de quicio, y necesito desahogarme.

No me apetece quejarme de política exterior ni de economía. Aquí hablo solo de mis frustraciones con la vida diaria en EE. UU. Es un país enorme y resulta imposible generalizar sobre sus cerca de 342 millones de habitantes, pero lo que viene a continuación son mis observaciones tras muchos años allí.

1Los estadounidenses son demasiado susceptibles

A veces me pregunto si la corrección política viene recogida en vuestra Constitución. En mi primera visita descubrí enseguida que casi siempre tenía que morderme la lengua y (lo que es aún más irritante) que nadie era directo conmigo.

Da la sensación de que dar tu opinión es un tabú enorme. No puedes decirle a un amigo a la cara que la ha cagado. Nadie te dice que te vendría bien perder unos kilos (con cariño y buena intención, claro). Y hay demasiados eufemismos para esquivar la verdad amarga.

Hasta cierto punto lo entiendo: en términos generales, EE. UU. hace un gran trabajo para evitar la discriminación de las minorías étnicas y frenar el discurso de odio. Pero a nivel individual, todo se suaviza demasiado.

Muchos estadounidenses que conocí se sienten muy solos, y creo que este es uno de los motivos principales. Puede que nunca encuentres pareja si un colega que te conoce bien y al que supuestamente le importas no te cuenta las verdades duras y te explica por qué eres tan condenadamente pesado... ¡para que por fin puedas cambiarlo! Insultar a alguien sin motivo es agresividad gratuita, pero la crítica constructiva es justo para lo que están los amigos.

2¡Todo es “awesome”!

Odio de verdad la palabra awesome (“genial”, “guay”, “brutal”). Antes significaba “sobrecogedor” o “imponente” (“awe” es “asombro reverencial”), pero en Estados Unidos no significa... ¡absolutamente nada! Ni siquiera quiere decir “bueno”: es una muletilla, como “eh”, “bueno” o “pues”.

Es LA palabra cliché estadounidense por excelencia. Y la oía tanto que me sangraban los oídos. Se lanzan tantos adjetivos exageradamente positivos que al final pierden todo su significado.

Y si le preguntas a alguien “¿Qué tal?”, siempre te contestará “¡genial!” o “¡fenomenal!”, aunque no sea así en absoluto.

Cuando empiezas a usar una positividad tan agresiva, el significado se diluye y esas palabras acaban siendo neutras. ¿Y qué haces entonces cuando quieres expresar algo realmente positivo? Eso sí, si alguien dice “Bueno, ahí voy”, ¡significa que está fatal! Creo que la palabra “mal” ni siquiera existe en el vocabulario de los yanquis. Y lo peor es que este fenómeno empieza a colarse en el inglés de todo el mundo, ¡y eso lo odio!

3Una sonrisa NO SIGNIFICA NADA

Cuando me cruzo con estadounidenses en el extranjero, una de sus mayores quejas es del tipo “¡En los tranvías de Praga no sonríe nadie!” o “¡Qué maleducada la camarera! ¡Ni siquiera sonrió!”

¡Pero vamos a ver, yanquilandia! A mí lo que me molesta de vosotros es justo lo contrario: ¡sonreís demasiado! ¡Ya me tiene harto! ¿Cómo sé si alguien lo dice en serio? ¿Y por qué demonios iba un desconocido en el tranvía a ponerse a sonreír como un bobo mientras hace un crucigrama?

Cuando los europeos sonríen, significa algo de verdad. Los alemanes, por ejemplo, no van por ahí como en un anuncio de pasta de dientes estadounidense, así que cuando salía con ellos, su sonrisa iluminaba la habitación entera. Sabías que significaba algo y no podías evitar devolverla. Por ejemplo, habías contado un chiste o una historia divertida, o estabas enamorado, etc.

¡Pero eso no hace falta a cada instante! Si en público solo sonríes, la sonrisa pierde todo su sentido. Dicen que sonreír libera endorfinas, pero si tu cara no hace otra cosa, el subidón natural acaba desapareciendo. Yo prefiero mejorar mi propia vida para tener motivos para sonreír, en lugar de engañarme a mí mismo y a todo el mundo.

Aunque en este artículo suene un poco gruñón (al fin y al cabo, el tema son las quejas), el hecho de que diga lo que pienso significa que también se sabe que, cuando parezco feliz, lo soy de verdad. Y eso pasa muy a menudo :) ¡Pero no siempre!

4Las propinas

Para vosotros quizá sea una ventaja, pero a mí me sacaba de mis casillas que el camarero me interrumpiera cada tres minutos para preguntar si todo iba bien. Tenía que fingir una sonrisa (¡es lo que se lleva en EE. UU., ver arriba!) y levantar el pulgar para que me dejara en paz, porque siempre tenía la boca llena. De verdad que no le veo el sentido. Si me habéis servido el plato equivocado y de repente noto que me estoy muriendo de una reacción alérgica por vuestra comida, me daré cuenta mucho antes de que pasen esos tres minutos.

Precisamente por eso, salir a comer fuera siempre me resulta irritante. En el resto del mundo puedes llamar al camarero cuando necesitas algo. Si fuera interés sincero, o si esa persona solo quisiera ser amable, me parecería perfecto, pero no es el caso. En realidad, son recordatorios sutiles de que quiere propina.

Eso me volvía loco. Creo de verdad que la propina como forma principal de ganarse la vida es ridícula. Si de todas formas tengo que pagarla, ¡que la incluyan en la maldita cuenta! ¡¡¡Si es obligatoria, no es una propina!!!

Una queja que oigo de vez en cuando es lo maleducados que son los camareros en otros países, y los estadounidenses dicen que es porque no reciben propina. En lugar de propinas, los camareros cobran su sueldo como todo el mundo y hacen su trabajo. Y si lo hacen lo bastante mal, los despiden. Pero, por lo visto, si no le sonríes al cliente todo el rato como un campeón, eres “maleducado”.

La idea básica de la propina me parece bien, pero todas las explicaciones que he oído para la propina obligatoria se desmoronan en cuanto las discutes. Puedes decir que los camareros son trabajadores esforzados que se merecen esa propina y necesitan cobrar más que el salario mínimo... pero ¿y los profesores y las enfermeras? ¿Por qué ellos no reciben propina? ¿Por qué no se la das a todo aquel con quien tratas, como el conductor del autobús, o por qué no dejas unas monedas en el cubo de la basura para el basurero? Es incoherente: camareros, peluqueros y taxistas deberían cobrarnos simplemente lo que toca pagar.

Algunos sostenían, de forma ridícula, que así sale más barato porque el restaurante cobra menos, pero la diferencia la pagas igualmente. A lo que contribuye todo esto está muy claro:

5Precios engañosos por todas partes

La propina es solo la punta del iceberg. Todo es un enorme engaño de marketing para hacer creer al cliente que paga menos. El precio de la carta no tiene nada que ver con lo que acabas pagando. Además de la propina, se suman los impuestos, claro.

Los impuestos son una necesidad de la vida: sin ellos, los gobiernos de todo el mundo no funcionarían. Entonces, ¿por qué nos los esconden? No me cabe en la cabeza que las tiendas se nieguen a incluir los impuestos en los precios. El precio que ponen es, en el fondo, inútil. Viene a decir: “Esto es lo que nos llevamos de lo que compras, pero en realidad tienes que pagar más”.

Me importa un bledo cuánto ganáis VOSOTROS. ¡Yo quiero saber cuánto tengo que pagar! ¿Cuánto dinero... tengo que... daros? ¿De verdad os lo tengo que deletrear?

Lo más ridículo son las llamadas “tiendas de un dólar”. Si llevo un solo dólar, en la tienda de un dólar me rechazan. Es el dólar que ganan ellos, no lo que pago yo. ¿Me seguís? Lo único que cuenta es el punto de vista de la tienda.

Me dijeron que es porque los impuestos varían en cada estado (¿¿y a veces en cada condado??). Derramo una lágrima por las pobres megacorporaciones que venden productos en distintos estados y no son capaces de pedir a sus tiendas o a los gerentes de cada región, con el tipo impositivo correspondiente, que hagan sus propios cálculos e impriman etiquetas con ese tipo para sus millones de clientes, solo porque a la empresa le supone una pequeña molestia.

Tenemos exactamente el mismo producto vendiéndose en un montón de países europeos (a menudo con el mismo envase multilingüe) y, aun así, alguien en la empresa encontró tiempo para meter cifras en una calculadora (que costó 1 euro) y decirle a la gente de antemano cuánto va a pagar de verdad.

Todo esto no es más que un gigantesco timo de marketing. Hace que los precios parezcan más bajos, y eso es deshonesto. Es una forma estupenda de que la gente sienta que paga menos, pero el resto del precio aparece cuando sacas el dinero. Y eso forma parte de…

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6Un marketing hortera y agresivo

Me dan ganas de sacarme los ojos con palillos cada vez que me toca tragarme anuncios estadounidenses. ¡Basta ya, por favor!

La mayoría de los estadounidenses ni se dan cuenta: los ponen tanto en la tele que ya no son más que ruido de fondo. Y eso obliga a los anunciantes a inventar cada vez más para llegar a ellos, aunque la CALM Act prohíbe a las cadenas de EE. UU. subir el volumen medio de los anuncios por encima del de la programación. Es un círculo vicioso que vuelve loco a cualquier no estadounidense que no esté acostumbrado. Para mí, este círculo vicioso explica en parte por qué muchos estadounidenses hablan tan alto: si la publicidad te grita sin parar, acabas acostumbrándote a ese volumen.

¡PERO ESPERA, QUE AÚN HAY MÁS!

Una noche decidí ver un episodio de House por cable. Hasta entonces solo había visto series estadounidenses sin anuncios por internet o en Europa, con anuncios europeos en pausas normales y previsibles...

Madre. Mía. Qué. Horror.

Cada pocos minutos te sacan de la serie, y de tal manera que al principio el anuncio parece de verdad parte del episodio (en Europa hay una animación que anuncia la pausa, o algo que avisa al espectador de que viene un corte). Luego te bombardean con spam irrelevante e imágenes “awesome” de gente que prácticamente tiene orgasmos al comprar el producto X (que, por supuesto, solo está en oferta especial ahora mismo). Y si es algo médico, te leen a toda velocidad una lista con todas las dolencias imaginables que pueden aparecer como efectos secundarios. Pero bueno, la modelo hortera está feliz, así que seguramente no importa tanto.

Y aquí está la cuestión: los estadounidenses son unos genios del marketing. Eso nadie lo puede negar. Cada vez que iba a comprar un cartón de leche, algo desconocido del supermercado me arrastraba hacia alguna porquería cara que no necesitaba. Casi la compraba, o la compraba y salía de la tienda sintiéndome un idiota.

En Las Vegas ves, por el diseño de los casinos, lo bien que manipulan a la gente. Sin ventanas, sin relojes, salidas difíciles de encontrar y ninguna forma de llegar a donde quieres sin pasar entre filas de tragaperras. Las propias máquinas tienen un montón de luces brillantes y música animada para atraer clientes. Te sientes hipnotizado. Saben perfectamente lo que hacen y tienen miles de millones de dólares que lo demuestran.

Pero no deja de ser manipulación y, para quienes no estamos acostumbrados a tanto ruido, es simplemente hortera. Cada rincón de EE. UU. está empapelado de algún tipo de publicidad o patrocinio, y ahora me siento muy a gusto por haberme ido del país. Se acabaron las llamadas aleatorias a cualquier fijo (incluidos hoteles que yo pagaba) con grabaciones intentando venderme algo, y los folletos que me atascaban el buzón.

7Un consumismo despilfarrador

Algunos aspectos del consumismo son difíciles de evitar cuando estás rodeado de anuncios a todas horas, pero a veces la propia gente tiene la culpa de ser tan despilfarradora.

El mejor ejemplo que se me ocurre, con diferencia, es toda esta fiebre por Apple. Muchísimos estadounidenses gastan muchísimo dinero en tener la última versión del iPhone o del MacBook. Comprarte uno está muy bien (a mí también me gustan los productos Apple), hay muchos argumentos a su favor, y de todos modos yo necesito un iPad para mi trabajo técnico con ciertas apps. También me gusta tener un buen móvil y un buen portátil, y al final soy tan consumidor como tú si resulta que tienes un Apple.

El problema aparece cuando sustituyes el iPhone 7 por un iPhone 8 sin motivo alguno, junto a un rebaño de millones de ovejas más. Eso es consumismo absurdo y despilfarrador en estado puro.

Yo me aproveché de ello hace unos años, cuando vivía en Austin y solo existía el iPad original. Esperé a que anunciaran el iPad 2 y, como era de esperar, en Craigslist aparecían cada minuto 20 anuncios nuevos solo en la ciudad, de fanboys desesperados intentando vender su iPad 1. Convencí a un chaval para que me vendiera el suyo, con funda y teclado Bluetooth, por una cuarta parte del precio original, ¡y solo dos meses después de comprarlo! Estaba desesperado por tener la versión nueva, que era un pelín más fina y rápida y tenía una cámara con la que parecías un completo idiota al apuntar con el iPad a algo, pero por lo demás era exactamente igual.

Yo solo cambio de móvil cuando se rompe por el uso o cuando se me cae sin querer al océano, etc. También soy consumidor y de vez en cuando compro cosas que no necesito, pero sustituir algo que ya tengo por algo apenas un poco mejor es algo que nunca entenderé.

Lo peor es que esta gente a veces dice no tener mucho dinero, y los productos Apple entran en su lista de “necesidades”. El listillo que me vendió el iPad suspiró cuando le conté a qué me dedicaba y lo mucho que viajaba por trabajo. Me dijo que ojalá tuviera dinero para viajar. Yo deseé que tuviera el sentido común de ver que le sobraría mucho dinero si dejara de malgastarlo.

8Los orígenes

Ningún estadounidense que conoces es en realidad estadounidense. Son un cuarto polacos, 3/17 italianos, de otros diez países cualesquiera y, cómo no, medio alemanes. Como Alemania es más homogénea, me cuesta valorarlo, así que, para ser sincero, me da exactamente igual si tu tatarabuelo tenía un cuidador de perros cuyo compañero de piso era de Alemania. De verdad, me trae sin cuidado.

La cantidad de gente que soltaba “¡Ay, Dios mío, yo también!!” cada vez que mencionaba que era de Alemania era sencillamente ridícula. Yo uso los gentilicios de forma más restrictiva que los estadounidenses, así que siempre fue una de mis pequeñas manías. Al final aprendí que “Soy de Alemania” transmitía lo que quería decir mejor que “Soy alemán”.

No digo que no respete los orígenes de los demás (la diversidad hace más interesante un país), pero cuando la gente empieza a hablar como si fuera algo genético, como si sus raíces italianas los hicieran más apasionados y las irlandesas mejores bebedores, no puedo evitar poner los ojos en blanco.

Debo añadir, eso sí, que es una cuestión de uso del idioma: según lo entiendo, “alemán” en realidad significa “germano-estadounidense”. Me parece bien, pero lo que quiero decir es que a quienes son realmente de ese país (nacidos y criados allí) les resulta molesto. Ninguna de las dos cosas es correcta o incorrecta, pero conviene saber que quizá sea más apropiado decir “Tengo antepasados alemanes” cuando hablas con alguien de ese país. Sobre todo si hablas otros idiomas.

9Controles de identidad y leyes absurdas sobre el alcohol

En serio. Prometo que no tengo doce años. «¡Déjeme entrar en la discoteca, por favor!» He llegado a ver cómo pedían el carné a gente de 60 años. En ningún otro lugar del mundo me piden la documentación ahora que tengo cuarenta y pocos (40 y algo). A veces no llevaba el pasaporte en el bolsillo (el documento más importante que tengo y sobre el que no quiero derramar cerveza) y, sin más, no me dejaban entrar.

Me parece increíble que no se pueda beber hasta los 21, pero se den carnés de conducir a chavales de 16 y a partir de los 18 puedas comprarte un rifle. En la mayoría de los estados no puedes ir por la calle con alcohol (pero si lo llevas en una bolsa de papel marrón mientras bebes, todo bien). Estas leyes me parecen absurdas.

10Las grandes cadenas siempre ganan, el pequeño comercio no

Hay muchos argumentos para que no existan solo unas pocas grandes empresas compitiendo entre sí, pero mi mayor preocupación tiene que ver con la disponibilidad.

Si toda tu comida sale de Walmart y Whole Foods, y de ningún otro sitio, esos lugares crecen y acaban separados por largos trayectos en coche. ¿Y qué queda en medio? Un desierto.

Un día estaba en el centro de Chicago y solo quería comprar algo de comer, pero tras una hora andando, la única opción asequible era Dunkin’ Donuts. Hay muchos sitios baratos en Chicago, pero tienes que ir en coche o estar en un barrio concreto con muchos restaurantes (y saberlo de antemano). Simplemente hay demasiada competencia entre las grandes cadenas como para que los negocios pequeños puedan extenderse con facilidad por las ciudades.

En cambio, déjame en cualquier gran ciudad europea y en pocos minutos encuentro algo de comer. Haz lo mismo en EE. UU., incluso en el centro, siempre que no sea una zona de restaurantes, y sin móvil ni coche, y me muero de hambre. Y ese es uno de los factores principales de uno de mis mayores problemas en EE. UU. :(

11Un país pensado para los coches, no para las personas

EE. UU. es un sitio horrible para los peatones. Es el peor lugar del mundo para vivir si no tienes coche.

En mis primeros viajes a EE. UU. lo pasé bastante mal: dependía todo el rato del transporte público (que en algunas grandes ciudades al menos se puede usar, aunque en mi opinión nunca está al nivel de un país industrializado) o de alguien con quien tenía amistad por entonces. En la mayoría de las ciudades, sin coche no puedes hacer nada. Salvo unas pocas excepciones (como San Francisco o Nueva York), las tiendas, los restaurantes baratos, los supermercados, las tiendas de electrónica y demás están a millas unos de otros.

Austin me encanta, pero me pareció ridículo que la calificaran como una de las ciudades más “peatonales” de EE. UU. Vivía justo a las afueras, aunque a distancia a pie del centro, y buena parte de mi camino no tenía acera. El centro se podía recorrer andando, pero la mayoría de la gente vivía fuera y tenía que ir en coche.

Lo que más inquietante me resultó fue lo solo que me sentía al moverme por cualquier ciudad estadounidense. Muchas veces era el único peatón de toda la manzana, ¡incluso entre semana y en pleno centro! Todo el país está pensado para subirte al coche, conducir hasta tu destino y bajarte. Nada de paseos.

Salir a pasear para encontrar algo de comer por casualidad (como haría en cualquier ciudad europea) era siempre una idea pésima si no mirabas antes en Yelp.

En mis visitas más recientes alquilé coche durante casi toda la estancia y todo fue mucho más práctico, pero de verdad sentía que mis pies solo servían para pisar el acelerador.

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12Siempre con prisas.

Para mi gusto, en EE. UU. hay demasiadas cosas hechas con prisas. La comida rápida ya está en todo el mundo. ¡Pero es que incluso en un sitio elegante te sirven en menos de cinco minutos después de pedir! ¿A qué viene tanta prisa? La gente no parece tener paciencia para dedicar tiempo a mejorar las cosas si no hay dinero de por medio.

Los estadounidenses también son muy puntuales, porque el tiempo es oro, claro. A muchos les vendría bien disfrutar de la vida y llegar tarde alguna vez por haberse tomado su tiempo.

 Pese a tanta positividad impostada, me parece que los estadounidenses son el pueblo más estresado e infeliz de la Tierra. Con todos los recursos y todo el dinero que tienen, están más tristes que gente que conozco que apenas llega a fin de mes, pero que sabe vivir el momento.

Esa carrera hacia la meta, hacia el millón de dólares en el banco o el ascenso, y cómo eso marca toda su vida, me parece triste.

13Obsesión por el dinero

He conocido a demasiada gente más interesada en su saldo bancario que en su propia calidad de vida. Personas más ricas de lo que yo podría imaginar y, aun así, deprimidas. Para ellas, más dinero parece la única forma de resolver los problemas.

No viajan porque creen que necesitan decenas de miles de dólares (lo cual no es cierto) y no disfrutan del día por miedo a perderse una oportunidad de negocio.

Ninguna meta es nunca suficiente: más riqueza, más fama, más poder. Es la naturaleza humana y, por supuesto, pasa en todos los países, pero creo que EE. UU. lo amplifica muchísimo, hasta que para algunos se convierte en el objetivo vital y la máxima prioridad. Justo esa idea de que más siempre es mejor define para mí la mentalidad estadounidense más que cualquier sonrisa, por amplia que sea.

14Raciones poco saludables

Aparte de que con las personas con sobrepeso no se habla con sinceridad, el mayor problema es que en los restaurantes las raciones son demasiado generosas. Cada vez que pedía aunque fuera una ración pequeña, acababa llenísimo. Lo que para mí es pequeño no tiene nada que ver con lo que entienden los estadounidenses. En la mayoría de sitios, si pides algo que no sea un entrante o una ensalada, te sirven más de lo que deberías comer.

De pequeño me recordaban constantemente a los niños que pasaban hambre en África, así que me siento culpable si no me lo acabo todo. Eso fue un desastre durante los meses que pasé en Estados Unidos: ¡engordé MUCHO! Casi siempre debería haber pedido un “doggy bag” (una bolsa para llevarme las sobras).

Aprendí a no pedir refresco, porque cuando los restaurantes ofrecen rellenado gratis pienso que tengo que beber más... total, es gratis. ¡Puaj!

15Una visión distorsionada del mundo y el excepcionalismo estadounidense

Por último, algo que me saca de quicio es esa percepción distorsionada del lugar de Estados Unidos en el mundo. Los estadounidenses me preguntan a menudo si me da miedo viajar por Europa. A mí me dio mucho más miedo andar de noche por ciertas zonas del centro de San Francisco o Chicago que por cualquier barrio “chungo” de Londres o Berlín, porque allí al menos hay gente en la calle.

Y me parece bastante inquietante estar en un país donde prácticamente cualquiera puede comprarse un revólver legalmente.

Estados Unidos tiene una visión peculiar de sí mismo como “la tierra de los libres”, y seguramente lo fue... hace 200 años, comparado con otros países occidentales de la época (olvidando, claro, los problemas que había en todas partes, como la falta de libertad para ciertas razas y para las mujeres). Pero hoy gran parte de Europa occidental es igual de libre, o más, y ofrece oportunidades a gente de todos los niveles. Es cierto que Estados Unidos es un lugar mejor y con un nivel de vida más alto que la mayoría de países, pero en el mundo occidental la libertad de expresión y la tolerancia para todos suelen ser la norma, y no solo en EE. UU.

No existe el mejor país. Y quienes no paran de decir que Estados Unidos es el número uno suelen ser los que nunca, o casi nunca, han salido de EE. UU.

¿Y si dijéramos que Estados Unidos es genial o incluso “awesome”? Creo que el patriotismo es una gran cualidad y que todos deberíamos estar orgullosos de donde hemos nacido.

Pero el nacionalismo (creer que los demás países son inferiores) es un defecto terrible.

Si después de esta pataleta sigues con ganas de América (o ahora más que nunca), en nuestra sección Vivir en EE. UU. también te enseñamos la cara bonita del país.

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En resumen
  • Una pataleta en tono guasón, escrita tras muchos años en EE. UU. y que no va de política ni de economía, sino del día a día.
  • La susceptibilidad, el eterno awesome y una sonrisa que no significa nada hacen que el trato sea agotador.
  • Las propinas, los precios sin impuestos, el marketing agresivo y el consumismo cuestan nervios y dinero.
  • A eso se suman los controles de identidad, las grandes corporaciones, un país hecho para coches y no para personas, las prisas, el dinero y las raciones gigantes.
  • Y al final, el excepcionalismo estadounidense: patriotismo sí, nacionalismo no.

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Sebastian Sauerborn
Sebastian Sauerborn
Fundador de Mount Bonnell Advisors, Austin, Texas
23 min de lectura · Actualizado: octubre de 2026

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